martes, 19 de mayo de 2015

SE PUEDE SER VEGANO Y COMER BIEN EN UNA BODA

 


El pasado fin de semana ha sido uno de los más felices de mi vida porque se ha casado mi hermana y ha sido divertido, entrañable, emocionante... lo he pasado muy bien.

El único "pero" de toda la historia es que al tener que estar alojada al lado de mi hermana (por si me necesitaba), en un hotel concreto, no he podido llevar a mis chicos conmigo y les he echado muchísimo de menos. Ir a la playa sin Cleo me hace sentir como una maldita traidora.

Mi familia materna es de Suances (Cantabria, mi tierruca querida) y nosotros vamos para allá siempre que podemos. De hecho, Cleo se conoce los rincones de Suances tan bien como yo e incluso tenemos nuestro lugar especial, junto al mar, solitario, tranquilo, donde ella hace hoyos y yo me tumbo a dormitar un rato sobre la fina arena blanca, entre los juncos. ¡Ay, la tierruca!

Llegar a la playa sin ella fue raro. Pero bueno... Fue el único pero y además se encargó de ella una persona en la que confío plenamente y estoy segura de que la he echado de menos yo a ella más que ella a mí, que seguro que no se ha acordado de mí ni una sola vez.

El viaje ha sido perfecto por muchas razones. La primera es que mi hermana se ha casado con un hombre al que quiero como a un hermano, un hombre bueno en el que confío muchísimo.

La segunda es que he tenido la oportunidad de conocer mejor a la novia de mi hermano, de la tierruca, y he confirmado lo que ya sabía, que es extraordinaria. Es más, su familia me cae estupendamente y casi casi me gustaría que sus padres me adoptaran porque son gente 10. Incluoso estuvieron en la boda y son las personas más divertidas que me he echado a la cara (y conozco a gente muy divertida).

Además he pasado tiempo con personas a las que quiero mucho y con las que no tengo ocasión de estar tanto rato, menos aún todos a la vez. De hecho, la noche anterior a la boda teníamos tantos compromisos que decidimos juntar a casi todos los invitados de la novia (los que pudieron) y cenamos juntos y con ella (el novio con sus amigos) en una pizzería. Fue genial.

Está muy bien celebrar acontecimientos alegres.

Así que me he reído, he llorado, he disfrutado, me he acatarrado, he corrido, me he agobiado y en general he disfrutado bastante. Pero este es un blog de comida y de comida se trata.

Antes de entrar en el convite quiero hablaros de La Casona de los Güelitos, en Vispieres. Mi hermana había leído en El País que estaba en el top ten de desayunos de hotel de España así que nos fuimos para allá la mañana del viernes y fue todo un acierto.

El establecimiento es la típica casona cántabra, de piedra, maciza y con un patio interior donde hacer la vida. Algún día me encantaría comprar una abandonada e ir reformándola poco a poco, sin prisa. Ese es el sueño de mi vejez.

Esta casona en concreto ya está totalmente terminada y además con mucho gusto; con gusto sí, pero sin moderneces de diseño odiosas y que pegan tan poco en un lugar así. Su chimenea, su sillón, su porche acritalado y, sobre todo, su patio interior tan bien cuidado. Es que me veo allí, con 60 años, en chandal y con albarcas, sentada en el porche, sin preocuparme de qué día es o de si va o no a lucir el sol (Cantabria es bonita cuando hace sol, pero lo es más cuando llueve).

Los dueños de la casona, que son además los que te atienden, son gente increible, de esos que quieres llevarte a casa, simpáticos, educados, amables... Un encanto. Y, sobre todo, muy profesionales. Así da gusto.

El desayuno se sirve en el porche y no va por carta sino que es un menú cerrado. Jarra de zumo de naranja, bandeja de tostadas de diferentes panes CASEROS, bizcocho casero, sobaos caseros, bebidas al gusto (sí, leche de soja achocolatada 100% vegana, infusiones, etc.), mantequilla para el que la quiera (los veganos no), mermeladas, aceite con tomate... y para los no veganos huevos revueltos. 4 € por cabeza. En serio, 4 € por cabeza. De coña.

El domingo por la mañana me cobraron por una tostada con tomate y aceite y un zumo de naranja casi 6 €.

El banquete fue en Los Jardines de Viares, una antigua casona que está en la plaza del pueblo que era de mi madre (ella nació allí, de hecho, en una casa que está a pocos metros). Hace años mi hermana, mi madre y yo nos colamos un poquito en una boda que se celebró allí y nos encantó el sitio porque tiene un jardín inmenso con vistas a mi amada Ría de San Martín.

Nos trataron tan bien... Los no veganos aún están maravillados por la comida, pero es que los veganos no tenemos de qué quejarnos pues tuvimos aperitivos (salmorejo, crema de brócoli, tempura, brochetas de verduritas, crujiente de verduras... vamos, que los no veganos también comieron), todo ello bañado con cócteles, y luego, ya en la cena, nos sirvieron una ensalada deliciosa, sobre todo, uno de los risoto más ricos que he probado en mi vida y macedonia de frutas.

Luego copas, baile, disfraces, cámaras de fotos desehcables para todos, diversión... y que a una siempre le apetece ponerse un vestidazo.

Pero lo más importante es lo atentísimo que estuvo el personal para que los veganos nos sintiéramos cómodos y bien atendidos; fue un gustazo.

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