miércoles, 18 de marzo de 2015

HACER LA CENA DE HOY Y LA COMIDA DE MAÑANA RAPIDITO: LENTEJAS PARA COMER Y MACARRONES CON SALSA DE TOMATE PARA CENAR



Soy del grupo de personas a las que les toca comer en el trabajo y, la verdad, en mi caso concreto me considero una afortunada porque no tengo una jornada partida con dos horas inútiles en medio sino que puedo comer rápido, seguir trabajando, salir antes y poder vivir la vida, que es lo que toca. Sin embargo me encuentro con el inconveniente de que no me gusta comer de menú (además de que a la larga es carísimo).

Evidentemente hay restaurantes que me encantan, en algunos de los cuales me dan comida que yo jamás sabría preparar en casa, y hay algunos de menú que son una auténtica maravilla, pero acabo cansándome y necesito mi comida casera para encontrarme bien, por lo que estoy bastante segura de que si ganara 20.000 € al mes seguiría usando mi fiambrera. Así que todos los días en casa mientras preparamos la cena para el día hacemos la comida para el día siguiente.

No siempre, claro. A veces acudo a la cafetería y me como una ensalada y otra veces tiro de comida congelada (congelada por mí). Pero generalmente es lo que toca, cocinar por la noche para esa misma noche y para la mañana siguiente.

Hay días en que me siento espléndida y no me importa dedicarle el tiempo que sea, aunque normalmente busco sencillez porque me gusta disfrutar de mi tiempo y hacer mis cosas (pasear, ver una peli, leer un libro…) y no me complico, dejando la comida más elaborada para los fines de semana. El problema es que a mí me gusta comer, todos los días, sin excepción, y si no como bien… todos los días, se me pone un estado de ánimo insoportable y noto que tengo más ganas de las habituales de destruir. Dame un pastelito y seré tu amiga; impídeme comer y tal vez te mate.

Si te pasa lo mismo y necesitas comer bien todos los días, con el inconveniente añadido de ser vegano (¡pide en un restaurante de menú algo vegano!), tu solución son las fiambreras y montártelo tú mismo (esperando que puedas disponer de un microondas donde calentar la comida, o el invierno será muy duro).

Ayer no tenía ganas de liarme mucho así que decidí que cenaría casarecce (parecido al macarrón) con salsa de tomate y que hoy comería lentejas, mis grandes aliadas (porque no hace falta ponerlas en remojo, porque se cocinan rápido, porque están deliciosas y porque alimentan muchísimo).


LENTEJAS

Tiempo: 1 hora

Las lentejas prácticamente se hacen solas y, una vez puestas al fuego, solo tendrás que revisar que no se quedan sin agua y, si lo deseas, añadir un sofrito al final (lo que no es en absoluto necesario para que el resultado sea óptimo).

Ingredientes (para dos personas):

200 gr. de lentejas
1 cebolla
1 puerro (puedes poner solo la parte verde)
1 zanahoria
1 pimiento verde
1 nabo
1 ajo
1 patata mediana
1 hoja de laurel
Pimienta y sal

Para el sofrito:

1 pimiento choricero 
1 ajo
Alguna hierba (he usado perejil, pero podrían haber sido romero, tomillo, orégano…)
1 cucharada de pimentón dulce
Aceite de oliva virgen extra

Lava muy bien las lentejas porque traen arenilla y polvo. Una vez que estén bien limpias ponlas en una cazuela y cúbrelas con agua generosamente, porque es una legumbre que es capaz de asimilar una gran cantidad de líquido. No obstante, prefiero quedarme corta con el líquido e ir añadiendo poco a poco, según necesiten, porque una legumbre excesivamente caldosa y sin cuerpo es casi un crimen.

Añade todas las hortalizas (da igual si van enteras o en trozos), el ajo, la hoja de laurel partida (para que desprenda mejor sus aceites) y la pimienta y ponlo todo al fuego fuerte hasta que rompa a hervir. Cuando hierva desespuma, baja el fuego al mínimo, semitapa y deja que todo cueza entre media hora y cuarenta minutos. Sí, las lentejas se cuecen a la velocidad del rayo. Si vas a añadir sofrito incluye un pimiento choricero entero para que se hidrate y retíralo pasados unos minutos (veinte, más o menos).


Pasados esos veinte minutos retira las hortalizas. Con ellas puedes hacer un puré o también puedes partir unos trocitos y reservar para añadir a las lentejas a la hora de servir.

No tienes que prestarles más atención que ir de vez en cuando y comprobar que no se quedan sin líquido, nada más.

Ahora es cuando decides si añades o no un sofrito. El sofrito le dará al potaje más sabor y cuerpo, pero no es imprescindible y, de verdad, las lentejas pueden salir buenísimas sin él.

Pero yo sí se lo puse.

Para preparar el sofrito debes pelar y chafar el ajo, junto con el perejil y un poco de sal. Una vez que lo tengas póchalo todo a fuego lento en una sartén con aceite.

Limpia el pimiento choricero y córtalo en trocitos diminutos (o cháfalo con el mortero, pícalo con la picadora… como prefieras). Cuando el ajo esté pochado retira la sartén del fuego y añade el pimentón. Mézclalo todo muy bien e incorpora el pimiento choricero; sigue mezclando. Si te quedaste corto de agua en las lentejas añade a la sartén un poco y si, por el contrario, van bien de líquido coge un poco con un cazo y viértelo en la sartén, todo ello para diluir bien el sofrito y que sea fácil incorporarlo al guiso. Cuando lo tengas bien diluido añádelo a las lentejas y mezcla tomando la cazuela entre tus manos y haciendo que gire horizontalmente.

Pela la patata, corta chascando en trozos de 1 cm. e incorpora también a las lentejas. Deja que todo cueza hasta que la patata esté blanda (unos veinte minutos). Y ya está.

Es cierto que llevan algo de tiempo, pero no necesitan mucha atención y te aseguran un plato caliente que será la envidia de tus compañeros de trabajo.



CASARECCE CON SALSA DE TOMATE

Tiempo: 20 minutos

Me encanta la pasta de sémola de la marca De Cecco. No es la única que consumo pero esta me gusta mucho y además nos ofrece mucha variedad, toda ella vegan. Anoche preparé casarecce, pero la salsa de tomate le va a todo y es muy fácil.

En algunas ocasiones me han invitado a comer diciendo “pero qué bien que cocino” y me he encontrado con unos espaguetis con tomate de bote, qué tristeza. Pero ¡ojo! una buena salsa de tomate puede lograrse y, además, es una de las cosas más sencillas del mundo.

También hay que decir que venden algunas, ya preparadas, que están francamente bien.

Ingredientes (para dos personas):

200 gr. de pasta
4 cucharadas de salsa de tomate (si es casero, genial; si no, no pasa nada)
1 cebolla (la chalota le va muy bien)
1 ajo
2 ramitas de perejil
½ vaso de vino blanco
1 cayena
Pimienta
Sal
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de margarina


Hace un tiempo no se me habría ocurrido explicar cómo se cuece la pasta pero recientemente he sabido que hay mucha gente que no sabe hacerlo así que voy a daros las instrucciones, por si acaso.

Si vas a comerlo en el momento cuece la pasta al final porque así estará más rica.

La pasta se cuece del siguiente modo: pon en una cazuela amplia abundante agua a fuego fuerte y espera a que hierva. Cuando hierva añade sal, después la pasta y no se te ocurra bajar el fuego. La pasta debe quedar al dente (cualquier otro punto de cocción no vale, en serio).

Una vez una mamma me sugirió lo siguiente: a los minutos aconsejados por el fabricante réstale uno o dos. Suele funcionar, pero no siempre; lo mejor es ir probando.

Para la salsa, pica la cebolla y el ajo en brunoise (cubos pequeñitos) y, en una sartén amplia, pocha con la cayena, el aceite y la margarina. Cuando estén pochados, melosos y suaves, añade el perejil picadito y mezcla bien. ¿Huele bien, eh?



El perejil es mucho más que un adorno; aunque sutiles, tiene sabor y aroma y, si tienes un frutero de confianza te lo regalará cada vez que vayas a comprar.

Cuando todo esté bien mezclado, sube el fuego a tope y vierte el vino. No dejes de remover y sigue así hasta que el vino se evapore y, en su lugar, quede una salsita clara (así, amigos, se empieza una salsa verde).


Ahora la salsa de tomate; échala sobre lo que ya tienes y, sin dejar de remover, ve reduciéndola hasta que se espese un poco (al gusto). Salpimienta.



No retires la salsa del fuego ni bajes la temperatura sino que añades la pasta y mezclas todo muy bien.

¿CÓMO HACER SALSA DE TOMATE EN SU VERSIÓN MÁS SENCILLA?

En una fuente del horno (si es metálica, mejor) pon un kilo de tomates y una cebolla, todo limpio y partido en cuartos. Puedes dejar por ahí una ramita de tomillo si la tienes a mano. Añade un poco de sal gorda por encima y baña con un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

Precalienta el horno a 180º C y cocina todo hasta que esté dorado (nunca quemado, que amarga) y bien pochado.

Pasa todo el contenido de la bandeja (también lo que está pegado a ella) al vaso de la batidora y bate generosamente.

Pruébalo. Ahora añade azúcar (sí, la salsa de tomate lleva azúcar). Pruébalo y rectifica de todo (azúcar, sal, aceite).

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